Marruecos se presenta como el apasionado pasado y el práctico presente, donde se mezclan el sorprendente desierto y los verdes jardines, el silencio profundo y el estrepidante sonido de los zocos multicolores, que parecen extraídos de otras épocas, donde se ofrecen productos y objetos cuyo precio dependerá de la habilidad para regatear con el vendedor; lo lujoso y lo sencillo, las playas y las cumbres de las montañas.

La arquitectura islámica está caracterizada por su tradicionalismo y refinamiento, circunstancias que la acercan más al arte de Al-Andalus que al de Argelia y Túnez.
Uno de los géneros tradicionales de Marruecos es el tapiz, que se caracteriza por el predominio de los temas geométricos y las decoraciones florales. También existieron desde antiguo talleres de cerámica.

La artesanía tradicional marroquí se halla especializada en el trabajo del cobre por medio de las técnicas del repujado y grabado, así como en las labores de taracea. También existieron desde antiguo obradores de cerámica.

Tánger:

Situada en la parte occidental de una bahía protegida al Oeste por las alturas del cabo Espartel y dominada por las montañas de Yaballa, la ciudad esta aislada de la punta de Ceuta por la extremidad de la sierra calcárea del Rif; comunica con Tetuán y el Mediterráneo por una depresión.

Ciudad mítica, símbolo de aventura y libertad, era punto de reunión para comerciar y hacer contrabando, refugio de capitales e importante centro turístico, por donde pasó toda la sociedad cosmopolita de los años 50.

La ciudad antigua, en la ladera de una pequeña montaña, dominada por la gasba, forma un vivo contraste con los lujosos hoteles de la población moderna, a lo largo de la playa.